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Cuando los medios de comunicación se acercan a un dispositivo de rehabilitación psicosocial, suelen entrevistar a los responsables y muestran a unos cuantos usuarios en sus actividades. Generalmente, las informaciones relativas a las personas con enfermedad mental tienden a señalar, y sin faltarles la razón, el sufrimiento del enfermo y sus familiares. Sin embargo, la visión exclusivamente dramática contribuye muy poco a normalizar la convivencia de personas cuya enfermedad crónica, en vez de afectar a la tensión arterial o al azúcar en sangre, afecta a la mente. “Diabetes” suscita lástima, “esquizofrenia” provoca rechazo.
Como psicóloga de una mini residencia, quería dar una visión “desde dentro”, desde el punto de vista de quienes viven y conviven todos los días. Las mini residencias para enfermos mentales son una novedad frente a antiguos conceptos como el hospital psiquiátrico. La vida interior es a veces tan monótona como la vida cotidiana de cualquiera, con las obligaciones relacionadas con el aseo personal, las tareas del hogar, la comida, las compras, etc. Pero también es una vida con momentos divertidos, con manifestaciones de cariño, con simpatía y empatía. Todo el equipo profesional hace su trabajo y además aporta optimismo, apoyo y esperanza. Unos ingredientes que no se pueden evaluar objetivamente, pero que dejan su estela en la mini residencia.
Este documental pretende ser un homenaje tanto a los profesionales - cuyo esfuerzo, poco reconocido socialmente, transforma positivamente la vida de las personas que aceptan una estancia en dicho recurso-, como a las personas con enfermedad mental que, a pesar de la incomprensión que a menudo reciben del exterior, tienen una sonrisa para los demás, respeto y amabilidad.
Beatriz
A.A., 2005
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